miércoles, noviembre 02, 2005

Segunda sesión

El martes pasado asistimos a la segunda sesión de la formación.

La jornada en sí está orientada a la preparación del momento de la adopción.
Cuando hablo de preparación, me refiero a la documentación que hay que tener lista, la organización del viaje en sí, el dinero en efectivo que hay que llevar. Puede parecer que la sesión fue de lo más “banal”, siempre teniendo en cuenta de que preparar un viaje de varias semanas a un país extranjero no es algo precisamente banal.
No, me refiero a que también se hablaron de otros aspectos que hay que preparar.

A mi entender se trataron dos aspectos fundamentales.

El primero de ello, pero no por ello el más importante es la preparación que hemos de
tener los padres adoptantes con el hijo que vamos a integrar en nuestro seno familiar.
Soy el primero en reconocer que he caído en el error de tener una postura egoísta respecto al hecho de adoptar. Siempre he pensado en mi, en mi compañera y en mi hijo. Mi hijo... De él hablaré luego.
Como decía. He mantenido una actitud simplista respecto a esa persona que viene a mí, a nosotros. Tenga 18 meses o tenga 5 añitos, y ya me he referido a este tema en otro momento, tiene una experiencia vital. Pero no voy a repetirme. Lo que quiero reflexionar en este momento es que en este proceso, nosotros, los padres y hermanos, no somos los únicos que salimos ganando. El nuevo miembro de la familia también obtiene un gran beneficio, es bastante obvio... pero lo pierde TODO... todo.

Escribo la palabra “todo” con mayúsculas a propósito. Es la manera de recalcar este hecho. El crío que viene a casa, deja atrás sus raíces, sus ancestros, su cultura, sus orígenes, su lengua... todo.
El mundo interior de esta criatura debe ser un torbellino de sensaciones encontradas. Vale que a menor edad, quizás menor problema. Pero por muy pequeños que sean, el cambio ha de ser brutal. Ni que decir de los críos mayores que con cinco añitos se despiden de su entorno, de sus caras conocidas, de sus amiguillos del alma. Por muchos defectos que nosotros veamos a ese entorno, no hay que olvidar que es el suyo, al que pertenecen.
Piensen por un momento que ocurriría si un buen día alguien viniera a casa, les metiera en un coche y les llevara a una casa nueva, una esposa o esposos nuevos, o quizás unos padres nuevos... Tu casa y tu familia tenían sus virtudes y sus defectos, pero eran tuyos. Tu pertenecías a ellos, y por muy mal que estuvieran, eran tuyos. ¿Cómo se sentirían?
No sé si soy capaz de explicarme.

Hubo una afirmación que me conmovió. Para nosotros es impensable el hecho de abandonar a un crío. Pero para él, no solo es factible. Es que ya ha ocurrido. ¿Por que no iba a volver a ocurrir? Es comprensible que albergue ese temor dentro de sí. Él ya estuvo en esa situación. Y esa experiencia, sin duda alguna, influye en la manera en que se va a relacionar con nosotros en los primeros momentos, días, semanas o meses. Si se piensa en esto es cuando se comprende que el proceso de adaptación se da por concluido cuando pasan dos años... y no dos meses.

El segundo tema que me hizo reflexionar fue la preparación que hay que realizar con el hijo biológico.
Piensen por un momento en que eres el único protagonista, y de repente aparece otra personita que... lo primero que hace es quitarte protagonismo para con tus padres. Ya, ya... se puede pensar que lo mismo ocurre cuando el hermano que viene a la familia también es biológico. Y es así, es lo mismo, con la salvedad que un hermano biológico tiene una presencia diaria. Está dentro de la barriguita de mama, se mueve, da patadas... en definitiva, el periodo de adaptación se va realizando a lo largo de los últimos meses del embarazo. En el caso de un hermano adoptado, no ocurre igual. Pienso que por mucho que tú lo involucres, le hables de que va a venir, le enseñes alguna foto..., al final es un jarro de agua fría. Por esto entiendo que él, el hijo biológico, mi hijo..., ha de ser el protagonista principal de esta historia.
Debería ser capaz de involucrarlo al máximo. Consultarle en la toma de decisiones, por ejemplo en la preparación de la habitación del hermanito, y por supuesto, hacerle ver que se toman es consideración sus opiniones. Cuando se pinte su habitación, pintar la de él también. Y llegado el momento, cuando regresemos del viaje, será él el primero en conocer a su nuevo miembro de la familia. Y será él el encargado de presentarlo al resto de la familia.
Indudablemente ha de ser el protagonista principal. El hermano “Mayor”.

Como última reflexión, tan solo apuntar que el tema de la adaptación de los hijos biológicos no está tratado en los cursos de formación. Es lógico que no sea para todos. Tan solo somos tres parejas de las nueve las que tenemos hijos biológicos. Pero sería interesante tener una sesión opcional para este tema.

Paz a todos.

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